Alguien me preguntó una vez (un amigo que pensaba tomarse en serio la escritura) si era necesario tener el ordenador X, el programa Y, la marca de cuadernos Z, para trabajar decentemente. Claro que no, le contesté yo; un escritor escribe cuando y donde puede, con lo que puede. Si quiere hacerlo, claro. Los mejores juguetes a veces son la peor trampa, y el ser humano lleva muchísimo más tiempo garrapateando sobre el papel que delante de la pantalla, que puede actuar como una poderosa distracción, y succionar por completo la única base real que tiene la inspiración: el trabajo.
Dicho esto, queda un detalle que matizar: hay herramientas que SÍ suponen una diferencia para un escritor, sea cual sea el tipo de producción en la que se enfoque. Aunque igual este tema no os importa mucho, lo voy a comentar de todos modos. Y que cada uno saque lo que quiera de él: al fin y al cabo no son más que opiniones.
Ante todo, el que quiere escribir tiene que saber hacerlo en papel. No hay vuelta de hoja (perdón por el pésimo juego de palabras). Hay todo tipo de formas de hacerlo, y preferencias, pero a mí siempre me ha gustado hacerlo en cuadernos más bien pequeños, y con pluma, si puedo permitírmelo -hay unos cuadernos de tamaño perfecto, hechos aquí en Costa Rica, que no se llevan bien con la tinta de pluma-. Los mejores que he encontrado hasta el momento son los Moleskine. La pluma, bolígrafo o lo que sea, a veces es lo de menos, con tal de que no ofrezca demasiada resistencia.

El ordenador tampoco cambia demasiado las cosas, una vez puestos ante la pantalla, pero desde que me cambié al mac ya no quiero saber nada de Windows. Al menos, hasta que haya probado el W7, que todos ponen por las nubes. Mi Macbook se porta bien, no me da problemas, y no tengo que andar haciendo mantenimiento casi cada día, como cuando tenía el Sony Vaio. El hecho de ser portátil, claro, lo hace aún más útil. Pero sospecho que le daré más uso por ese lado cuando vuelva a Japón. Las copias de seguridad son una obligación casi religiosa, por supuesto.
Los programas… la gran mayoría de novelistas que van por la vida parecen mantenerse en los dominios del MS Word. Yo lo usé mucho en su día, también; al empezar en el mac me bajé una versión de código abierto llamada Neo Office, que tiene la misma funcionalidad, pero empecé a buscar otras cosas para reemplazarlo, porque se me estaba quedando estrecho. Probé un demo del famoso Final Draft, programa por excelencia para guionistas, pero no me gustó demasiado, que digamos. Me pareció que no estaba bien adaptado al entorno del mac, y no le veía muchas ventajas. O quizá la versión que probé era antigua, y los FD de ahora son mucho mejores.
Un productor que trabaja en Sudáfrica (dato irrelevante) nos recomendó, a mi hermano y a mí, un programa gratuito llamado Celtx, que no tiene todas las opciones de los grandes monstruos comerciales pero es mucho más presentable que un guión en formato doc (escribir guiones en el Word no es una buena idea, os aseguro). Lo probamos y nos gustó. Lo usamos todavía, para casi todos los proyectos.
También probé otro programa comercial llamado Montage, mejor apañado para el Mac, y con muchas opciones para adaptarse al usuario. Todavía me estoy acostumbrando a él, aunque creo que será lo que termine usando.
Y para los cuentos y las novelas… La carpeta donde guardo todo eso era un cajón desastre, con subdirectorios y ficheros de todo tipo. Me daba vértigo sólo pensar que tenía que ordenarla. Finalmente me decidí a buscar la otra herramienta que me faltaba, y empecé a bucear en los foros de gente con macs. Todos parecían estar de acuerdo en algo: el mejor programa que existe, en ese campo, es el Scrivener. Me descargué la demo y lo probé. A la media hora ya lo había comprado.
El Scrivener no es un procesador de texto al uso, en el que trabajas sobre un documento y le das formato. Más bien es una especie de base de datos, en la que empiezas un proyecto, y vas añadiendo ficheros (en forma de páginas) con ideas que se te ocurren de repente, o bocetos de estructura, o diálogos entre los personajes… Puedes meter vínculos de páginas de internet que tienen algo que te interesa para tu historia, y fotos, vídeos y pdfs. Todo se guarda en un único sitio, y resulta más fácil de archivar. También cuenta con la posibilidad de sacar una “instantánea” al proyecto, por si quieres volver a un estado anterior del texto sin usar las copias de seguridad.
Y lo mejor de todo: tiene un modo de pantalla completa. Para librarse de las distracciones y de los avisos del chat -que todos deberíamos apagar cuando escribimos-. Sinceramente Scrivener es el dinero mejor gastado en mucho tiempo, y aunque un escritor puede tener la idea más brillante en una servilleta de burgerking, no está de más ponerse las cosas fáciles. Al menos, yo ahora escribo más, y más seguido…




























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