Escribo desde el aeropuerto, aprovechando que las nuevas tecnologías lo permiten. La perra está (probablemente traumatizada y todo) en una bodega de carga, y N actualiza su diario a mi lado. Todo muy Mac. Pongo una foto malísima que acabo de sacar con el iPhone, y en cuanto montemos en el avión me enchufaré el iPod para repasar unos cuantos episodios de los podcasts que me dé la ventolera escuchar.
Adicto a la tecnología, ya sé; qué le voy a hacer. Igual aprovecho para arrancar la partición de Ubuntu y configurar algunas paridas, todo con la intención de no pensar en el estrés que representa viajar con una mascota, sobre todo si ese es el viaje en el que sacas las raíces de un sitio para plantarlas en otro.
Espero que todo vaya bien, y pueda poner alguna tontería más al llegar a Los Ángeles, aunque lo más probable es que lleguemos pulverizados, tarde, y no me quede casi tiempo para dormir. Pero todo sea por una buena causa.

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